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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Dieta Hipercalorica

Indicaciones

El plan de alimentación con un aumento en la recomendación de energía se utiliza para lograr un balance energético positivo, de modo que el sujeto aumente de peso o mantenga el peso en condiciones hipermetabólicas (sepsis, quemaduras, etc.)

Este plan se utiliza en pacientes que tienen un déficit de peso corporal de 20% o más, que no tengan problemas de anorexia nerviosa o de bulimia, a menos que estén bajo tratamiento interdisciplinario.

Es importante analizar el apetito y la capacidad del sujeto para comer las cantidades de alimentos que se requieren, o buscar una vía de alimentación (oral, enteral, parenteral o mixta) adecuada para lograr que el paciente consuma lo que necesita. Si la alimentación hiperenergética es por vía oral, se sugiere dividirla en seis o siete tiempos de comida.

Distribución energética

Se recomienda que el plan tenga una distribución normal de sustratos energéticos ( a menos que el paciente requiera modificaciones por su estado patológico) y que sea adecuado en vitaminas y nutrimentos inorgánicos. Para el cálculo de la energía es necesario considerar el peso real del sujeto y la tolerancia a la carga energética.

Conviene buscar alimentos de alta densidad energética (helados, sopas cremas enriquecidas, malteadas, etc.) y servir los alimentos sólidos al principio de las comidas y los líquidos al final, ya que éstos propician la sensación de plenitud.

El plan de alimentación hiperenergético se debe combinar con fisioterapia o ejercicio adecuado para lograr un incremento en la masa muscular y no en la masa grasa. Las dietas modificadas en energía deben ser lo más flexibles y creativas que sea posible, para lograr la incorporación de hábitos alimentarios adecuados.

Bibliografía

Pérez Lizaur Ana Bertha, Marván Laborde Leticia, “Manual de dietas normales y terapéuticas, los alimentos en la salud y la enfermedad” PP. 194:195. 5ta Edición 2007.

Dieta Baja En Colesterol

Las hipercolesterolemias tienen gran interés dentro de las dislipidemias por su contribución en el desarrollo de la arterosclerosis.

La HLP tipo II puede presentar distintas formas:

a) Hipercolesterolemia familiar (fenotipo IIa). Es un defecto que consiste en la falta de receptores de las LDL de forma total en los homocigotos o arcial en los heterocigotos, que provoca el aumento de las LDL y del colesterol total

b) Hipercolesterolemia poligénica. Es la forma más frecuente de hipercolesterolemias primarias, pues representa el 80% de ellas. Así como en la anterior existe un déficit muy grave de receptores a las LDL, en la poligénica éstos son normales.

c) Hiperlipidemia familiar combinada. Se caracterizas por la elevación del colesterol o de los triglicéridos, o de ambos a la vez, que presentan miembros de una misma familia, atribuible a un aumento de la síntesis de apoproteína B que se traduce en un incremento de VLDL, secretadas por el hígado.

Tratamiento dietético

Los parámetros nutricionales que deben controlarse de manera precisa en las dislipoproteinemias son:

Lípidos

Se recomienda limita los lípidos totales de la dieta entre el 30 y 35% del total energético. La procedencia de las grasas alimentarias es de gran importancia en el tratamiento de los trastornos lipídicos.

a) Ácidos grasos saturados. Se recomienda especialmente su reducción a menos del 7% del valor energético total de la dieta. Los ácidos grasos saturados actúan disminuyendo la síntesis y la actividad de los receptores de las LDL en el hígado. La presencia en la dieta de los ácidos grasos saturados (láurico, mirístico y palmítico sobre todo) en cantidad importante se asocia a niveles elevados de colesterol sanguíneo.

b) Ácidos grasos poliinsaturados (omega 6). El aporte de ácidos poliinsaturados (PUFA) es beneficioso, ya que está demostrado que los de la seria omega-6, en particular el ácido linoleico, tienen un efecto depresor del colesterol.

Sin embargo se debe evitar un aporte excesivo de poliinsaturados (menos del 10% de las calorías totales) ya que su exceso presenta algunos riesgos, entre los que destacan su efecto depresor del colesterol de las HDL, su incidencia en litiasis biliar, y otras consecuencias a largo plazo mal conocidas(a partir de las observaciones efectuadas en animales).

c) Ácidos grasos poliinsaturados (omega-3). Se recomienda el consumo de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga de la serie omega.-3 (eicosapentanoico EPA o C 20:5 y docosahexaenoico DHA o C 22:6) presentes en las grasas de pescados y animales marinos. Su efecto sobre el nivel plasmático del colesterol no es muy valorable, pero sí está demostrado que aumenta las HDL y, sobre todo, que disminuye los triglicéridos plasmáticos. Paralelamente ejercen una función inhibidora sobre la agregación plaquetaria y sobre la trombogénesis al favorecer la formación de ciertas prostaglandinas. También, disminuyen la viscosidad sanguínea, aumentan la actividad fibrinolítica, reducen la respuesta a las catecolaminas y bajan la tensión arterial.

Se recomienda el consumo de pescado azul dos o tres veces por semana.

d) Ácidos grasos Monoinsaturados. Los ácidos grasos Monoinsaturados, cuyo principal representante – el ácido oleico- es un componente importante del aceite de oliva, después de numerosos estudios, se consideran beneficiosos cuando sustituyen a las grasas saturadas, por su efecto depresor del colesterol plasmático sin que alteren las HDL.

e) Colesterol. El colesterol dietético es capaz de modificar la concentración del colesterol plasmático en el hombre, aunque con diferencias, en ocasiones, importantes de un individuo a otro.

La absorción de colesterol alimentario depende de varios factores como el tránsito intestinal, o la presencia de los esteroles vegetales o marinos, que compiten con el colesterol reduciendo su absorción. Éste es el caso del marisco. El marisco es, en general, pobre en grasa pero contiene ácidos grasos n-3 en proporciones variables. También, contiene colesterol con diferencias según la especie. Los más ricos son las gambas y los calamares; y los más pobres, los mejillones.

Los moluscos de concha, al contener esteroles marinos, disminuyen la absorción del colesterol. El colesterol alimentario actúa de forma sinérgica con los ácidos grasos saturados para aumentar el nivel plasmático de colesterol.

Las cifras de colesterol alimentario que se suelen recomendar están alrededor de los 200 mg/día, aunque podría llegarse a un aporte prácticamente nulo mediante una dieta vegetariana; pero sucede que ésta sería difícilmente aceptada por individuos no acostumbrados a prescindir de alimentos de origen animal.

Glúcidos

El aporte de la dieta debe estar alrededor de 50-60% de la ración calórica total, sobre todo bajo forma de glúcidos complejos. El exceso de glúcidos simples puede estar relacionado con un aumento de triglicéridos y conducir a una dieta hipercalórica.

Esteroles y estanoles vegetales.

El consumo de alimentos enriquecidos en esteroles o estanoles vegetales (alimentos funcionales) mejora el perfil lipídico ya que disminuye las concentraciones plasmáticas de colesterol-LDL. Las cantidades efectivas son de 2g aproximadamente.

Fibra

Parece demostrado que las dietas ricas en fibra producen descenso de las concentración plasmática de colesterol, a expensas sobre todo de las LDL sin que haya variación sobre las HDL y los triglicéridos. Estos descensos se han relacionado con un aumento de la excreción fecal de colesterol y ácidos biliares.

Existen numerosos estudios realizados en este sentido que indican que el efecto de las fibras sobre los lípidos sanguíneos varía según varía según el tipo de fibra utilizada.

Así, la pectina, las fibras de las leguminosas y las del salvado de avena tienen un efecto hipocolesterolemiante, mientras que las del salvado de trigo y de maíz no producen dicho efecto.

Se recomienda una dieta que contenga de 20 a 30 g de fibra al día.

Fuente Cantidad (g)

Pectina 6-40

Gomas 8-36

Granos secos o leguminosas 100-150

Salvado de avena seco 25-100

Harina de avena 57-140

Psilio 10-30

Cantidad de fibra soluble que se requiere diariamente para producir un efecto reductor de lípidos

Proteínas

Deben mantenerse los valores normales que corresponden a la dieta equilibrada, aunque es importante tener presente la asociación que suele haber entre proteínas y grasas saturadas en las carnes, por lo que se recomienda disminuir las proteínas animales y aumentar las vegetales.

Bibliografía

“Alimentación y Dietoterapia”, P. Cervera, J Clapés, R. Rigolfas, Mc Graw Hill 4 edición, 330:332.

martes, 21 de junio de 2011

Gastritis y su tratamiento dietetico

GASTRITIS

La gastritis es una inflamación de la mucosa gástrica. Puede ser de tipo agudo, con aparición rápida y resolución en pocos días, o de tipo crónico, en cuyo caso puede persistir durante años. Entre las causas de la gastritis aguda conviene destacar la ingestión de ciertos fármacos (por ejemplo antirreumáticos) y las transgresiones dietéticas. Cursa con dolor epigástrico, náuseas y en ocasiones vómitos, que pueden ser hemáticos. Las medidas de dietéticas son las mismas que el caso de ulcus gástrico, aunque evitando la leche durante los primeros días, ya que, aumentaría la tendencia al vomito.

La gastritis crónica es de diagnóstico más difícil. Debe distinguirse cuando cursa con abundante secreción ácida de las formas que lo hacen con hipoclorhidria. En ambas debe prescribirse una dieta antiulcerosa, así como, limitar las grasas (leche entera incluida) en la variedad poco secretora de Cl

La gastritis y las úlceras pépticas pueden aparecer como consecuencia de la alteración de la integridad de la mucosa gástrica por una infección, un compuesto químico o una causa neurológica.

La infección por Helicobacter pylori se considera la causa más frecuente de gastritis y úlcera péptica en la actualidad. La mayoría de los casos de inflamación crónica de la mucosa gástrica, úlceras pépticas, gastritis atrófica (inflamación crónica con deterioro de la membrana mucosa y las glándulas, que provoca aclorhidria y desaparición del factor intrínseco) y cáncer gástrico se atribuyen a la infección por H. pylori.

La infección no remite de manera espontánea y el riesgo de complicaciones se incrementa conforme aumenta la duración de la infección.

Generalmente, la infección queda confinada en la mucosa gástrica.

Estos microorganismos representan una cierta resistencia al medio acido del estómago, si bien la colonización del espacio situado por debajo de la capa mucosa protectora y la síntesis de grandes cantidades de ureasa les confieren una protección adicional. La ureasa produce amonio con el objetivo de facilitar la alcalinización del entorno de los microorganismos. Actualmente la prueba de la ureasa constituye una de las herramientas diagnosticas empleadas para detectar la infección por H. pilory

La infección por H. pylori configura un estado inflamatorio crónico. El tratamiento de la infección por H. pylori alivia la gastritis, mejora en cierta medida la función gástrica y, al menos, reduce las complicaciones que favorecen la carcinogénia.

Por lo general el tratamiento engloba la administración de dos o tres antibióticos y antiácidos.

Otras formas de gastritis

La utilización prolongada de ácido acetilsalicílico u otros AINE, esteroides, alcohol, sustancias erosivas, tabaco o cualquier combinación de estos compuestos puede afectar a la integridad de la mucosa e incrementar el riesgo de desarrollar gastritis aguda o crónica.

La gastritis de origen autoinmunitario puede estar implicada en algunos casos de gastritis. La alimentación inadecuada y el estado de salud malo pueden intervenir tanto en el inicio como en la gravedad de la sintomatología, y pueden retrasar el proceso de curación.

Los afectados pueden presentar unas concentraciones séricas bajas de vitamina b12 y hierro o calcio en ausencia de una producción normal de ácido.

En el caso del hierro, el uso de potentes antiácidos puede influir también en la anemia

TERAPIA

ES PRECISO EVALUAR LAS CONCENTRACIONES DE VITAMINA B12 en individuos con gastritis atrófica, ya que la carencia del factor intrínseco y de ácido origina hipoabsorción de esta vitamina.

En pacientes aquejados de gastritis crónica se observa hipoabsorcion de hierro, calcio y otros nutrientes debido a la acción sobre su biodisponibilidad que ejerce el ácido gástrico. En el caso del hierro, el uso de potentes antiácidos puede influir también en la anemia.

Normas generales

Debe comer despacio, masticando bien las comidas, que no deben der ser demasiado abundantes, en número de 5 ó 6 por día y ocasionalmente, alguna nocturna. Es importante mejorar las condiciones psicológicas del entorno, para intentar disminuir el estrés.

Alimentos desaconsejados

Extractos y caldos de carne (provocan la secreción del Cl H y no la neutralizan)

Salsas ácidas (p/e de tomate)

Frutas y zumos ácidos.

Por ser irritantes físicos o de contacto:

Carnes fibrosas

Cereales de grano entero

Frutas curdas

Verduras y hortalizas crudas

Alimentos o platos salados

Embutidos. Pescado graso. Marisco, Café, incluso descafeinado, té, alcohol.

Otros: azúcar, en cantidad, chocolate, especias, condimentos, fritos.

ALIMENTOS PERMITIDOS

Lácteos: Leche descremada, yogur, quesos frescos, o semisecos no salados, nata y crema de leche. Flan con leche, huevos, y poco azúcar.

Cereales: papas, pan blanco

Carnes: De pollo, ternera, cordero, cerdo, caballo, buey, conejo. Serán tiernas , eliminando las partes fibrosas y la grasa visible. Pueden ser preparados a la plancha o hervidos, evitando que se tuesten a modo visible

Pescados: Magros (blancos) preparación: hervido a la plancha

Huevos: pasados por agua en tortilla

Frutas: Cocidas (hervidas, al horno) tipo manzana o pera, dulce de membrillo

Verduras: En forma de puré o masticarlas cuidadosamente acelgas espinacas, judías verdes; puede incluirse zanahoria hervida.

Aceites: de olvida o semillas. Crudos o hervidos en los caldos o arroz.

Bebidas. Agua

Dulces: galletas tipo maría, bizcocho

Bibliografía

Dietoterapia de Krausse páginas 660 a 662

“Alimentación y Dietoterapia” de P. Cervera 4ta Edición Interamericana PP 356:358

domingo, 19 de junio de 2011

Dieta Hiposodica

La ingestión de sodio en la dieta se controla para mantener el estado de hidratación, impedir la retención de líquidos o la hipertensión y para facilitar el manejo de la insuficiencia hepática, renal y cardiaca.

La pielonefritis y el riñón poliquistico son estados patológicos en los que se pierde sodio y por lo general aumenta su requerimiento. Las dietas controladas en el contenido de sodio son:

Plan de alimentación de cuatro mil a cinco mil miligramos de sodio 8174 a 217 miliequivalentes)

Es una alimentación prácticamente normal, que limita el consumo de los alimentos que han sido salados para su conservación (por ejemplo, cecina, bacalao, machaca, aceitunas, etc.)

Plan de alimentación de dos mil miligramos de sodio (87 miliequivalentes)

Implica una restricción leve. Es una alimentación normal, que limita los alimentos que se conservan por medio del salado, los embutidos, los productos de salchichonería, botanas, y los enlatados ( a excepción de los almíbares). Se permite cocinar con pequeñas cantidades de sal, pero prohíbe la sal de mesa.

Plan de alimentación de mil miligramos de sodio (43 miliequivalentes)

Implica una restricción modera,. En este plan alimentario no se debe agregar sal al preparar los alimentos y menos aún en la mesa. Se eliminan los embutidos. Los productos de salchichonería, los enlatados y los alimentos que contengan conservadores ricos en sodio, como el benzoato de sodio, el glutamato monosódico, y el nitrato de sodio, entre otros. Los alimentos salados como botanas saladas, aceitunas, nueces, cacahuates, cecina, machaca o bacalao se eliminan, a la vez que se restringen los productos de panadería a cuatro raciones como máximo y la leche se utiliza con moderación.

Plan de alimentación de 500 miligramos de sodio (22 miliequivalentes)

Implica una restricción severa. Esta dieta se debe utilizar por periodos cortos o sólo para exámenes de laboratorio. La alimentación es limitada y se eliminan el pan y las pastas; entre los cereales sólo se permite la tortilla de maíz sin conservadores. Se restringen las verduras ricas en sodio (como zanahoria, espinacas, apio, betabel, y acelgas).

Plan de alimentación de 250 miligramos de sodio (11 miliequivalentes)

Implica una restricción estricta. No se recomienda aplicar esta dieta, pero en casos muy específicos se podría utilizar por periodos muy cortos o para exámenes de laboratorio.

La alimentación es limitada, la leche debe de ser baja en sodio y se restringe la cantidad de proteína. También se controla el contenido de sodio del agua para beber.

Las principales sugerencias en relación con las dietas modificadas en el contenido de sodio son:

La modificación debe recomendarse en términos de miligramos o miliequivalentes

La restricción de sodio depende de la severidad del padecimiento y del uso de los diuréticos

La posibilidad de utilizar sustitutos de la sal debe especificarse, ya que la mayoría de estos contienen potasio y puede haber contraindicación para su uso.

Los medicamentos, principalmente los antiácidos, contienen cantidades importantes de sodio, por lo que se debe vigilar su prescripción.

Las comidas preparadas, rápids y las comidas en restaurantes, por lo general son ricas en sodio, por lo que deben evitarse.

Los platillos deben ser apetitosos. Para Ello se pueden utilizar hierbas y especias que den sabor a los alimentos.

El chile en su infinidad de variedades y preparaciones puede aumentar la palatabilidad de los platillos y así mejorar el apetito de los pacientes.

Las dietas con restricción severa de sodio deben considerar siempre el contenido de sodio del agua que ingiera la persona.

Las dietas de menos de 1500 miligramos de sodio son difíciles de consumir y diseñar, por lo que sólo se deben recomendar cuando el sujeto reciba un beneficio real en su tratamiento.

Bibliografía

Pérez Lizaur Ana Bertha, Marván Laborde Leticia, “Manual de dietas normales y terapéuticas, los alimentos en la salud y la enfermedad” PP. 207:209. 5ta Edición 2007.

viernes, 20 de mayo de 2011

Alimento, Nutrición, Leyes de la alimentación

Alimento

Conjunto de cosas que el hombre y los animales comen o beben para subsistir.

Nutrimento

Es una sustancia química que se encuentra en los alimentos y que contribuye a la salud. Los nutrimentos son parte esencial de la dieta. Los nutrimentos “nutren” porque proporcionan energía, materiales para formar tejidos corporales o partes del organismo y factores que regulan procesos químicos (metabolismo) necesarios para el cuerpo.

1. MACRONUTRIMENTOS: (cantidades)

ü Hidratos de carbono.

ü Proteínas. aminoácidos esenciales: isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalaniana, treonina, triptofano, valina,. Histidina (solo en lactantes).

ü Grasas

2. MICRONUTRIMENTOS: pequeñas cantidades, no proporcionan energía. Macroelementos o macrominerales: se requiere más de 100mg/día. Microelementos o microminerales: su requerimiento es menor.

Leyes de la Alimentación

Se clasifican tomando en cuenta los siguientes puntos:

Desde el punto de vista biológico: la alimentación debe aportar los nutrientes necesarios para el crecimiento desarrollo y funcionamiento adecuado.

Desde el punto de vista psicológico: debe ser satisfactoria a través de de su preparación, presentación, consumo, color, sabor, textura y olor agradables.

Desde el punto de vista social: la alimentación debe realizarse en ambiente agradable, dándole tiempos específicos, sin tensiones, permitiendo la convivencia humana.

· Para que se cumpla debe tener las siguientes características:

1. ADECUADA: A la persona en edad, condiciones culturales, sociales económicas, actividad física, clima zona geográfica, etc.

2. VARIADA: Que incluya diferentes alimentos y formas de preparación de los platillos y que incluya alimentos propios de la estación.

3. COMPLETA: Que contenga los nutrimentos requeridos, incluyendo los 3 grandes grupos de alimentos.

I. Cereales y tubérculos.

II. Verduras y frutas.

III. Leguminosas y alimentos de origen animal.

4. SUFICIENTE: en cantidad para que la persona sacie su apetito y provea de los nutrientes necesarios.

5. EQUILIBRADA: que la proporción de los nutrimentos ingeridos favorezca la salud, sin excesos o carencias de algún nutrimento específico. Se refiere a los % de CHOS, proteínas y lípidos que se utilizarán.

6. INOCUA: que no implique riesgos ya sea por la preparación o por la calidad de los alimentos.

Bibliografía

http://afomsalud.com/index.php/2006/12/16/nutrimentos-esenciales/

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=alimento

Pérez Lizaur Ana Bertha, Marván Laborde Leticia, “Manual de dietas normales y terapéuticas, los alimentos en la salud y la enfermedad” PP. 84. 5ta Edición 2007.

Situación Actual de la Nutrición en México

Situación Actual de la Nutrición en México

Más Sobrepeso y Obesidad en México: Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006

Extracto de Resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 en referencia a sobrepeso y obesidad de la población mexicana.

Preescolares

En el periodo de 1999 a 2006, a escala nacional hubo un pequeño decremento de 0.2 pp (Punto Porcentual) en la prevalencia de sobrepeso en niños menores de cinco años. Esta situación se comporta de manera similar al desagregar la información por regiones; tanto la Ciudad de México como la región sur experimentaron disminuciones menores a 1% en sobrepeso, mientras que en la región norte la disminución fue de 2.4 pp (de 7.4 a 5.0%). Cabe destacar que en la región centro el sobrepeso aumentó 1 pp en el mismo periodo.

Escolares

Al igual que en el grupo de preescolares, algunos análisis incluyen la comparación de la información de la ENN 1999 con la recolectada en la ENSANUT 2006. Cabe aclarar que la ENN 1988 no recabó información de escolares, por lo que no fue posible hacer esta comparación.

La prevalencia nacional combinada de sobrepeso y obesidad en niños de 5 a 11 años, utilizando los criterios de la IOTF, fue de alrededor de 26%, para ambos sexos, 26.8% en niñas y 25.9% en niños, lo que representa alrededor de 4 158 800 escolares en el ámbito nacional con sobrepeso u obesidad. La prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad en 1999, bajo el mismo criterio, fue de 18.6%, 20.2% en niñas y 17% en niños. El aumento entre 1999 y 2006 fue de 1.1 pp/año o 39.7% en tan sólo siete años para los sexos combinados; el aumento en niñas fue de 0.9 pp/año o 33% y en niños de 1.27 pp/año o 52 por ciento. El aumento en la prevalencia de sobrepeso en niños fue de 4.8 pp o 41% y en niñas de 3.8 pp o 27 por ciento. El incremento más alarmante fue en la prevalencia de obesidad en los niños, pasando de 5.3 a 9.4% (77%); en las niñas este aumento fue de 5.9 a 8.7% (47%). La prevalencia de sobrepeso aumentó progresivamente entre los 5 y los 11 años de edad, tanto en niños (de 12.9 a 21.2%) como en niñas (de 12.6 a 21.8%). La prevalencia de obesidad aumentó entre las mismas edades 6.5 pp en niños (de 4.8 a 11.3%) y 3.3 pp en niñas (de 7.0 a 10.3%). Cabe señalar que este último aumento no se comportó de manera sistemática.

En resumen, entre 1999 y 2006, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad en los sexos combinados aumentó un tercio; los mayores aumentos se dieron en obesidad y en el sexo masculino. Los resultados señalan la urgencia de aplicar medidas conducentes a la prevención de obesidad en los escolares.

Adolescentes

En 2006, de acuerdo con los resultados de la ENSANUT, uno de cada tres hombres o mujeres adolescentes tiene sobrepeso u obesidad. No hay claras tendencias del sobrepeso y la obesidad en relación con la edad, salvo una ligera tendencia de mayor obesidad a mayor edad en el caso de las mujeres.

Se comparó la prevalencia de sobrepeso y obesidad de las mujeres de 12 a 19 años en 2006 con la de 1999, utilizando los criterios propuestos por la IOTF. Se observa un incremento modesto en sobrepeso de 21.6 a 23.3 (7.8%) y un aumento absoluto pequeño, pero elevado en términos relativos, en obesidad: de 6.9 a 9.2 (33.3%).

Adultos

Las ENN 1988 y 1999 recabaron información únicamente de mujeres en edad fértil: 12 a 49 años. La ENSANUT 2006, en cambio, aporta información tanto de hombres como de mujeres mayores de 20 años de edad, por lo que es factible hacer comparaciones de la información de las mujeres entre las tres encuestas. En el caso de los hombres, se comparará la ENSANUT 2006 con la ENSA 2000.

En el ámbito nacional, la prevalencia de sobrepeso fue más alta en hombres (42.5%) que en mujeres (37.4%, 5 pp mayor); en cambio, la prevalencia de obesidad fue mayor en mujeres (34.5%) que en hombres (24.2%, 10 pp mayor). Al sumar las prevalencias de sobrepeso y de obesidad, 71.9% de las mujeres mayores de 20 años de edad y 66.7% de los hombres tienen prevalencias combinadas de sobrepeso u obesidad.

La prevalencia de sobrepeso, pero especialmente la de obesidad, tendieron a incrementarse con la edad hasta los 60 años; en edades de 60, 70 y más de 80 años la tendencia de ambas condiciones disminuyó, tanto en hombres como en mujeres. De manera concordante, la prevalencia de IMC compatible con desnutrición alcanzó hasta 1.4% en los hombres y 1.1% en mujeres entre 70 y 79 años, mientras que en adultos de 80 años o más llegó hasta 4.0% en hombres y 5.2% en mujeres. En el grupo de edad de 20 a 29 años la prevalencia de desnutrición se ubicó en más de 3% en hombres y en mujeres, mientras que en la población de hombres y mujeres de 30 a 59 años la prevalencia varió entre 0.3 y 0.9%.

La disminución en la prevalencia de sobrepeso y obesidad en las décadas más tardías de la vida puede explicarse por varias razones; la primera es el mayor riesgo de muerte en los que tienen sobrepeso y obesidad, lo que llevaría, por selección, a mayor sobrevivencia de los sujetos con IMC adecuado; la segunda es la pérdida de peso ocasionada por enfermedades crónicas y degenerativas como la diabetes tipo 2 y la enfermedad de Parkinson, entre otras, que son altamente prevalentes en adultos mayores; la tercera es la desnutrición carencial debida a menor protección social o a la depresión y el deterioro fisiológico que suele suceder durante la senectud.

Utilizando el criterio propuesto por la OMS, la prevalencia de la suma de sobrepeso y obesidad aumentó de 34.5% en 1988 a 61% en 1999 (26.5 pp, 2.4 pp/año) y a 69.3% en 2006 (8.3 pp respecto de 1999, 1.4 pp/año). Es decir, hubo una desaceleración de la tasa de aumento de sobrepeso y obesidad de 42% en el periodo 1999-2006 en comparación con 1988-1999.

Al comparar los datos de la ENSA 2000 con los de la ENSANUT 2006, en hombres mayores de 20 años de edad, la prevalencia de sobrepeso y obesidad incrementó de 59.7% en 2000 a 66.7% en 2006 (7 pp, 1.2 pp/año), que es una tasa de incremento ligeramente inferior a la observada en mujeres.

El aumento en la prevalencia de obesidad en los últimos siete años en México es alarmante, ya que ocurre en todos los grupos de edad. Es urgente aplicar estrategias y programas dirigidos a la prevención y control de la obesidad del niño, el adolescente y el adulto.

Bibliografía

http://www.alimentariaonline.com/desplegar_nota.asp?did=2500

http://www.insp.mx/publicaciones-anteriores-2010/661-encuesta-nacional-de-salud-y-nutricion-2006.html

Dieta de púres

Dieta de Purés

Descripción

El plan de alimentación de consistencia de puré, que provee una alimentación completa, está basado en alimentos preparados en forma de puré de diferente consistencia.

Indicaciones

Se utiliza en pacientes que tienen dificultad para masticar, pero que sí pueden tragar, o en aquéllos con problemas esofágicos que no toleran alimentos sólidos pero no tienen problemas digestivos, así como en los niños pequeños. Si se requiere jeringa para administrar los alimentos, debe estudiarse la posibilidad de optar por la alimentación enteral.

Alimentos Recomendados

La alimentación basada en purés consiste en alimentos que se puedan presentar con esa consistencia, tales como: Sopas, caldos, consomés, leche , yogur, queso derretido en salsa, jugos y purés de verduras colados, cereales cocidos en puré, leguminosas en puré, puré de papa, arroz o pasta, carne o pescado en puré, hígado, huevo tibio, mantequilla, margarina, aceite, nieve, helado, paleta helado, gelatina, azúcar, miel, jalea, especias y condimentos al gusto. En algunos casos se puede recurrir a la utilización de preparados comerciales.

Composición

El plan de alimentación de consistencia de puré, su contenido energético y nutrimental de la dieta es adecuado y se puede modificar de acuerdo con las necesidades del paciente.

Cuando se opta por la dieta a base de purés, se deben tomar en cuenta los siguientes aspectos prácticos:

Obtener la consistencia apropiada del puré con la ayuda de líquidos, lo que facilita la deglución

Agregar suficiente crema, aceite, margarina, miel o azúcar para aumentar la densidad energética si las recomendaciones del paciente lo requieren.

Bibliografía

Pérez Lizaur Ana Bertha, Marván Laborde Leticia, “Manual de dietas normales y terapéuticas, los alimentos en la salud y la enfermedad” PP. 704-705. 5ta Edición 2007.